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Una cosmética femenina que permite prosperar a las mujeres

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Mujeres como éstas en Malí conocen los beneficios del árbol de karité. Durante años, miles de ellas han estado recogiendo su fruta para fabricar jabón y otros productos que después venden.

La producción ronda actualmente las 80.000 toneladas al año, pero tiene el potencial de alcanzar las 250.000 y mejorar muchas vidas

«Nos enfrentamos a dos problemas principales: la situación del agua y el hecho de que tenemos que hacer todo a mano».

Néne Traoré trabaja en Segou al sur de Malí en la cooperativa «Sibulon Ba».

El centro utiliza 800 litros de agua bombeados diariamente desde unos pozos. Después, las mujeres mujeres locales los acarrean en un proceso que mina su energía y las deja agotadas para procesar más tarde la fruta de karité.

«Si tuviéramos el equipo adecuado y el agua estuviera más cerca, ahorraríamos tiempo y aumentaríamos la producción».

Un proyecto nuevo, administrado por los gobiernos de Malí y Luxemburgo junto con la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, ONUDI, está ayudando a las mujeres de Malí a hacer justamente eso.

En este centro en las afueras de Dioila, la nueva maquinaria y unos mejores métodos de producción han incrementado marcadamente los rendimientos y los ingresos de los trabajadores.

Los 100 kilos de jabón que producía el centro el año pasado se han multiplicado por seis éste año.

Con una mayor productividad y una mejor calidad, los sueldos de los trabajadores han subido, lo que permite a las mujeres gastar más dinero en las necesidades importantes.

Ahora aulas como ésta en las escuelas locales en Dioila están llenas porque los padres ya no necesitan a sus hijos en la fábrica.

Abdoulaye Tounkara, Director de la Escuela de Dioila.

«Ya no necesitan sacar a sus hijos de la escuela. Los ingresos de la familia han aumentado. Ahora, con la maquinaria de los molinos, ya no se obliga a las niñas a hacerlo[1]. Ellas estudian normalmente en la clase. De hecho, son las que mejor lo hacen».

Así es que sus madres hacen un gran esfuerzo para producir los mejores productos de karité.

La Ministra para la Promoción de las Mujeres, los Niños y la Familia, la Dra. Konare Mariam Kalapo, explica:

«Del norte al sur, del este al oeste, las mujeres elaboran todo tipo de productos de karité. Lo que estamos intentando ahora es ver la calidad del producto para mejorarla con nuevas técnicas».

Los consumidores domésticos no son el único objetivo. Los jabones, que cuestan sólo 50 centavos de Euro en la capital, Bamako, ahora se venden diez veces más caros en los países occidentales.

Esta carga de 20 toneladas de jabón es la primera entrega para un nuevo cliente en Francia, una fábrica en Marsella, cuyo dueño es el socio francés del proyecto, Savonnerie du Midi.

Para ello ha establecido un empresa conjunta con la cooperativa, que tiene sus sede en Diolla. En vez de comprar el material en bruto, compra el producto semi-refinado de Malí.

La presidenta del Centro de Producción Si Yiriwa en Dioila, Diarra Dihara Demble:

«Hemos recibido formación y aumentado nuestros conocimientos. Ahora actuamos como empresarias. Compramos el karité, lo transformamos aquí y tenemos más ganancias al venderlo. Ha cambiado completamente nuestra manera de hacer las cosas».

Si las mejoras en Dioila pueden replicarse en todo el país, muchas más mujeres en Malí se beneficiarían de este modelo empresarial exitoso.

Este reportaje fue producido por Scott Corben y Faridoun Hemani para las Naciones Unidas.

21 de agosto de 2012

A menudo vemos la cosmética femenina como una simple cuestión de estética. Sin embargo, olvidamos que también es una forma de progreso social. Por ejemplo, para estas mujeres de Segou, al sur de Malí, la fabricación de productos de karité, con ayuda de la ONU, supone mayores ingresos y, por tanto, la posibilidad de enviar a sus hijos al colegio.

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