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Iraq: la muerte en vida de una mujer maltratada

Narración

Muchas mujeres en Iraq cubren sus rostros en público por razones culturales y religiosas. Sin embargo, Noor lo hace porque la mayoría de la gente cree que murió.

«Todos piensan que estoy muerta, excepto mi tío. No he visto a mi mamá desde hace ocho meses».

Noor es una joven que prácticamente no tiene derechos legales en un país que sigue luchando contra el legado dejado por Saddam Hussein tras 24 años de dictadura. Su vida atribulada comenzó en esta zona empobrecida de Basra, la ciudad más al sur de Iraq. Sus progenitores se separaron cuando era un bebé, pero cuando cumplió 16 años, su padre regresó a su vida.

«Uno de los amigos de mi padre le había prestado tres millones de dinares y, como no tenía dinero para pagarle, me entregó a él».

Noor se convirtió en su cuarta esposa. Ella dice que aún después de que dio a luz a su bebita, su esposo era violento y abusivo.

«En una ocasión, mientras dormía en la cama, me apuntó a la cabeza con una pistola. Estaba tan ebrio que no sabía lo que hacía».

Aunque las cosas andaban mal, estaban a punto de empeorar mucho más. Cuando su esposo vio un número desconocido en un teléfono celular, la acusó de llamar a un extraño.

«Me golpeó tan fuerte que se me abrió la piel y mi sangre salpicó por todas partes».

El padre de Noor estaba dispuesto a ejecutarla por deshonrar a la familia, pero un tío le suplicó que no lo hiciera. Aún así, su padre le dijo a todos que la había matado. Noor se vio obligada a esconderse y su bebé le fue arrebatado. En el momento más duro de su vida, tuvo un golpe de suerte. Fátima Al Bahadli, una activista de derechos de la mujer, le ofreció su casa y su corazón a Noor.

«Es mi hija y lo seguirá siendo».

«¿Por qué estás llorando? Quiero que seas fuerte».

En su centro, Al-Firdaws, apoyado por el Fondo de de las Naciones Unidas para la Democracia, Fátima aboga por más derechos civiles y legales para las mujeres iraquíes. Debido a que el matrimonio de Noor nunca fue registrado por las autoridades civiles, Fátima le pidió a un jeque local que le otorgara un divorcio religioso.

«Si conseguimos el divorcio, ella será libre y no estará unida a un espos».

Fátima dice que el caso de Noor no es único.

«Tengo diez mujeres que se casaron según las reglas islámicas únicamente, pero no legalmente. Ellas tienen hijos pero debido a que el matrimonio no está registrado, los niños no pueden obtener documentos legales y, por tanto, no pueden ir a la escuela».

Después de varios meses de espera, Fátima y Noor recibieron finalmente el mensaje que habían estado esperando.

«¿Les doy las buenas noticias? Acabo de recibir un mensaje del jeque diciéndome que Noor recibirá pronto sus papeles de divorcio».

Pero Noor sigue esperando que se haga justicia. Su padre y esposo fueron encarcelados recientemente por falsificación y otras actividades ilegales, pero no por la brutalidad contra ella.

«Cuando me dijeron que estaban en prisión, me sentí muy feliz, tan feliz como si hubiera visto a mi hija, porque ahora tengo la esperanza de que volveré a verla de nuevo».

A los 19 años, Noor también tiene la esperanza de que finalmente rehará su vida. Mientras tanto, las activistas como Fátima están transformando Iraq en un país de leyes, un Iraq democrático, cuyo futuro aún se está escribiendo.

Este reportaje fue producido por Susan Farkas para las Naciones Unidas.

6 de julio de 2012

Abandonada cuando era niña, Nur fue entregada a un acreedor de su padre para pagar una deuda. Tras convertirla en su cuarta esposa, el acreedor la maltrató hasta que ella decidió escapar. Desde entonces vive escondida tras su velo, mientras la responsable de un centro de derechos humanos, que cuenta con el apoyo de la ONU, intentan conseguir el divorcio y devolverla a la vida.

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