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Jabón, sal y un poco de gasolina por matar un elefante

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Narración

«Siempre me han fascinado los animales salvajes locales, pero antes me había sentido impotente para protegerlos.»

Ahora, el Dr. Joseph Okouji no tiene nada de impotente. Libra una peligrosa batalla contra una red criminal de cazadores furtivos para proteger los animales que le han apasionado toda su vida.

Como responsable de la Vigilancia del Parque Nacional Ivindo de Gabón, un área de más de 3.100 kilómetros cuadrados de denso bosque tropical, Joseph lucha por salvar elefantes del bosque en extremo peligro de extinción. Sus valiosos colmillos de marfil les cuestan la vida porque esas defensas son más grandes, en proporción a su peso, que la mayoría de las otras especies africanas.

«Esta región es famosa porque existe lo que se conoce como “los grandes portadores”. ¡Elefantes cuyos colmillos tocan el suelo!.»

Tom de Meulenaer es el Coordinador del Programa de Naciones Unidas que sigue de cerca la matanza ilegal de elefantes.

«El furtivismo está devastando los bosques del África Central. De ahí viene la mayoría del marfil, el marfil ilega.»

Los colmillos salen de Gabón a través de una vasta red internacional de contrabandistas. Destinado en gran parte a Asia, el marfil se utiliza en productos decorativos y de otra índole. Con el aumento del comercio ilegal de productos de marfil a niveles sin precedentes en 2011, se teme que hasta 12.000 elefantes africanos puedan ser sacrificados cada año para obtener sus colmillos.

«Estamos perdiendo la batalla de los elefantes en África Central.»

Joseph reconoce que muchos cazadores furtivos se dedican a eso simplemente para sobrevivir. Cree que una de las razones principales que contribuyen a la oferta de colmillos en Gabón es la miseria. Por ejemplo, los pigmeos pobres de la región, renombrados por su habilidad como cazadores, son especialmente vulnerables a la explotación de los traficantes.

«No tienen trabajo ni cualificación profesional, pero sí necesidades como todos los demás. Así que el elefante, por el valor de su marfil, es una tentación enorme.»

«¿Tienes otros medios de ganarte la vida además de matar elefantes?.»

«Pues…» (Se desvanece sonido)

Cuando llegamos a la oficina de Joseph en el pueblo Afan, un pigmeo Baka de la zona, acababa de ser detenido junto con otro sujeto,. Joseph le pregunta por qué mató al elefante.

«Porque me daban un poco de jabón, sal y gasolina, que no tengo . Por eso lo maté.»

Afan recibió en pago el equivalente a 40 dólares, una fortuna para él, una miseria para las ganancias del intermediario que, vende los colmillos a los traficantes por 25 veces esa cantidad.

Ahora, Afan afronta una multa muy por encima de sus posibilidades, y una sentencia de 3 a 6 meses de prisión.

Aunque se han aumentado los esfuerzos para frenar la caza ilegal en todo el país, Joseph dice que es importante no sólo acabar con la oferta, sino también con la demanda internacional de marfil.

«Creo que para que la justicia sea severa debe aplicarse a la gente que compre el marfil para colocarlo en el mercado internacional, en lugar de a estas gentes jóvenes que sólo buscan un medio de alimentar a sus familias.»

«Se necesita hacer mucho para que la conservación se convierta en una realidad. La comunidad internacional debería apoyar a un país como Gabón, que realmente está tratando de resolver este problema.»

Este reportaje fue producido por Gill Fickling para las Naciones Unidas.

12 de junio de 2012

Los traficantes internacionales de marfil hacen un gran negocio con los colmillos de los elefantes y ni tan siquiera se exponen al peligro cuando los matan. Les pagan a los pigmeos jabón, sal y un poco de gasolina por hacerlo. La ONU lucha por evitarlo.

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