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El cólera, la enfermedad de las manos sucias

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El río Congo, una de las vías fluviales más impresionantes, ha transportado gente y mercancía durante siglos, cruzando algunos de los bosques tropicales más inaccesibles de África.

También acarrea enfermedades. El año pasado, un brote de cólera en el norte de la República Democrática del Congo se propagó río abajo, lo cruzó y llegó al país vecino.

La isla M’bamou, que tiene trece aldeas y está a una hora de Brazzaville, la capital, fue particularmente afectada. El cólera la alcanzó sin que la gente tuviera idea de qué se trataba ni de dónde precedía.

Dimitri Fabrice Okoulokami, un pescador local, perdió a su sobrino debido a la enfermedad.

«Cuando comenzó a darle la diarrea, mi sobrino parecía un esqueleto. En medio día murió.»

Dimitri llora a su sobrino y comprende el dolor de sus padres. Él también estuvo a punto de peder a su hijo, Steward, debido al cólera.

«Comenzó a las 3 de la mañana. A las ocho había perdido peso y se convirtió en un esqueleto. Pensé: no, no. Tengo que ir a Brazzaville.»

Steward tuvo suerte; después de seis días en el hospital, se recuperó completamente.

La isla no posee agua corriente y tiene muy pocas letrinas. Es el lugar perfecto para que el cólera se propague.

Cuando el brote azotó Brazzaville, los barrios marginales con saneamiento inadecuado, como el puente Tsieme, fueron los más afectados. Sus letrinas se vacían directamente al mismo arroyo en que los niños juegan y la gente se baña.

John De Dieu Konongo, especialista de la Organización Mundial de la Salud.

«El cólera es una dolencia vinculada a la mala higiene. Está provocada por el saneamiento inadecuado y la falta de acceso al agua. Se la conoce como la enfermedad de las manos sucias.»

Respondiendo al brote, UNICEF y la Organización Mundial de la Salud, con financiamiento del Fondo Central de las Naciones Unidas para la Acción en Casos de Emergencia, han lanzado iniciativas para combatir el cólera.

Marienne Flach, la representante del UNICEF en la República Democrática del Congo.

«El Fondo central de las naciones Unidas para la acción en casos de emergencia ha sido vital a la hora de brindar asistencia rápidamente a las áreas afectadas por el cólera. Se trata de una población que necesita mucho nuestra ayuda y con frecuencia nos olvidamos de ella.»

En la isla M’Bamou, hay ahora puntos de cloración. Quienes trabajan allí son personas entrenadas en la purificación del agua del río Congo para uso doméstico.

Se han construido letrinas en espacios públicos, como mercados y escuelas, y un programa de movilización social enseña a los aldeanos la importancia de la higiene. Los niños aprenden a lavarse las manos con jabón y a usar los nuevos retretes.

Conforme se aproxima rápidamente la época de lluvias, la posibilidad de nuevos brotes de enfermedades como el cólera continúa siendo una amenaza.

Con un saneamiento mejor y agua limpia, las comunidades a lo largo del Río Congo podrán ahora tener una mejor oportunidad de protegerse.

Este reportaje fue producido por Guy Hubbard para las Naciones Unidas.

1 de junio de 2012

Unos retretes debidamente canalizados y lavarse las manos frecuentemente son las mejores herramientas para prevenir el cólera. Sin embargo, la falta de recursos económicos y la ausencia de una educación adecuada, en lugares como la República Democrática del Congo, favorece su propagación de forma silenciosa, pero letal. La ONU ha puesto en marcha un programa para evitarlo.

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