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Túnez: socorren al mar y preservan una cultura

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Narración

Durante los últimos 40 años, al despuntar el día, Hassen y su hermano llegan a un mismo punto en el mar. Aquí, alejados de las costas de las islas Kerkennah de Túnez, practican la charfia, igual que durante siglos han hecho otros pescadores antes que ellos.

«Charfia es una forma de pesca tradicional, y es la mejor porque no le hace daño al mar».

Estos muros de hojas de palmera, perpendiculares a las corrientes, bloquean el paso de los peces y los conducen a cámaras de captura cuya única salida son enormes cestos. Pero los de Hassen ya no salen tan repletos como antes.

«En 1986, solía sacar de la charfia entre 150 y 200 kilos por día, llegaba incluso a los 300. Hoy son apenas dos o tres kilos».

Aquí no sólo es la supervivencia de los pescadores de charfias lo que está en juego, sino una de las praderas de hierba marina más ricas del mundo.

Las aguas poco profundas que rodean las islas albergan extensos lechos de hierba marina, espacios vitales de anidación para los peces. Lo que una vez fuera la principal fuente de sostén para los 13.000 habitantes de la isla, hoy es un mar despoblado de toda forma de vida marina, como un desierto.

Hay muchos factores responsables de esta situación, entre ellos el descontrolado desarrollo del área y el consiguiente calentamiento del agua en sus costas. Pero la causa más destructiva ha sido el incremento en la cantidad de buques pesqueros que emplean sistemas de tan dañinos como el de arrastre.

«Llegaron esos enormes buques y nos dejaron sin peces. Todos actúan de forma violenta con el mar».

Unas pesadas cadenas peinan el fondo marino arrancando la vegetación y las redes recogen todo lo que queda en su paso. Se requieren al menos 15 años para que la hierba marina vuelva a regenerarse.

Incapaces de mantenerse, muchos isleños han emigrando al continente en busca de mejores condiciones de vida. Para los que han quedado atrás, como Hassan, el futuro se presenta desalentador. Haj Mansour , su padre, lo dice categórico:

«El mar ya no es lo que solía ser. ¿Deben mis hijos salir a mendigar dinero? ¿O subirse a un gran barco y esquilmar el mar para alimentar así a su familia?».

A fin de proteger sus áreas de captura, los pescadores de Ouled Ezzeddine fabrican bloques de cemento que luego hunden en el agua, una estrategia que nos explica

Adbelkader Baouendi, coordinador nacional del Programa de Pequeñas Donaciones del Fondo para el Medio Ambiente Mundial.

«De esta forma todo pescador que pesque con aparejos que no protejan el medioambiente y los recursos naturales perderá sus redes, que quedan atrapadas en esos bloques».

Los bloques cuentan con unos orificios diseñados para servir de “hospedaje” a la joven vida marina de la zona. Dado su éxito inicial, los pescadores planean llevar esta acción a otras comunidades con el apoyo del Programa de Pequeñas Donaciones.

«Tenemos que proteger la región, palmo a palmo. No quiero decir que vayamos a tener éxito en seis meses o en un año. Pero, Dios mediante, en dos años el éxito llegará. Haré los sacrificios necesarios y daré todo lo que sea para ello. No pienso rendirme».

Este reportaje fue producido por Patricia Chan y Yuki Kaneshige para las Naciones Unidas.

16 de diciembre de 2010

Los océanos cumplen una función esencial en el mantenimiento de la vida en la Tierra, pero los recursos marinos se están reduciendo cada vez más. En una pequeña aldea de pescadores en Túnez, la pesca excesiva ha destruido los medios de vida de la población. Ahora, mediante un proceso innovador, los pescadores trabajan en preservar una antigua técnica de pesca que podría ayudarles a proteger sus vitales recursos marinos.

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