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Malawi: defendiendo los derechos de las mujeres a la tierra

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Narración

Cuando Nolia Jere, una campesina en el norte de Malawi, perdió todo lo que tenía, no se debió a la guerra, enfermedad o desastre natural. Fue a causa de las leyes tribales.

Después de que su esposo murió, el cuñado de Nola exigió que se casara con él. Cuando ella se rehusó, se le obligó a dejar su hogar y sus suegros se quedaron con su tierra y hasta con sus hijos.

«Me maltrataba. Me arrebataba la ropa y la cambiaba por cerveza. Me hizo la vida muy difícil».

Malawi, en el sur de África, es mayormente una sociedad agrícola. Casi dos tercios de sus 13 millones de personas viven en áreas rurales.

Viven en tierras comunales, administradas por sus jefes tribales - todos hombres.

Por tradición, el hombre posee todo, hasta a su esposa y niños. Cuando muere, su propiedad pertenece al hombre más próximo de la familia.

Short Mknochi es uno de los ancianos de la aldea ancestral de Nolia.

«Por ejemplo, si muere tu hermano, se puede heredar a la mujer. Quiera o no, será heredada a la gente».

Después de que rehusó casarse con su cuñado, Nolia regresó a vivir a la aldea de sus padres, donde descubrió que no tenía ningún estatus social, ningún lugar donde construir su casa o cultivar.

El hermano menor de Nolia le permitió quedarse con él. Pero poco después se convirtió en sirvienta de su familia, desempeñando tareas domésticas y cultivando sus campos día y noche. Vivía en la pobreza.

«Imagínate, a veces le tenía que robar maíz a fin de tener dinero para comprar las cosas que necesitaba».

Las tradiciones que atrapan a Nolia son contrarias al código legal de Malawi y las normas internacionales de derechos humanos.

La Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó en 1979 la Convención sobre la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer.

Malawi ratificó el tratado en 1987, comprometiéndose a adoptar medidas para poner fin a la discriminación en todas sus formas.

El país adoptó ocho años después una Constitución que garantiza los derechos de las mujeres en pié de igualdad con los hombres.

Pero muchas mujeres, pobres y analfabetas, no conocen sus derechos constitucionales.

En 2009, ActionAid International Malawi, un grupo local sin fines de lucro, inició una campaña de concienciación sobre los derechos de las mujeres a la tierra.

Los talleres, financiados en parte por el Gobierno holandés, ayuda a las campesinas a

alfabetizarse y a conocer sus derechos a la propiedad.

El taller también enseña a los hombres los derechos fundamentales de las mujeres.

Y las actitudes parecen estar cambiando, aún las de algunos líderes tribales con influencia, como Inkoshi Mzukuzuku.

«También la mujer es una persona, como el hombre. Si muero, mi esposa debería poder disponer de esa tierra. Mi hermano no puede inmiscuirse. Es de ella y de mis hijos».

Y Nolia encontró el valor de exigir a su hermano, el jefe de la aldea, que le diera una parcela de tierra.

Y él se la dió: una hectárea y media de tierra que la convirtió en la primera mujer de su aldea con una parcela. Nolia ahora se gana la vida vendiendo sus cosechas.

Después de haberse sentido impotente en una sociedad dominada por los hombres, Nolia está al frente de un movimiento de base que defiende los derechos de las mujeres a su propia tierra.

«Estoy muy feliz. Puedo sonreír. Mi vida ha cambiado. Me gustaría que lo que me pasó, le pase también a otras mujeres».

Este reportaje fue producido por Patricia Chan para las Naciones Unidas.

15 de abril de 2011

En muchas culturas tradicionales, a las mujeres no les esté permitido poseer o heredar tierras. El perder de un esposo a causa de la muerte o de un divorcio puede garantizar la pobreza. Pero una mujer en Malawi ha desafiado al destino.

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