Este mensaje se publicó inicialmente en The Guardian Disponible en inglés.

6 de mayo de 2014 – Dentro de tres decenios, el mundo será un lugar muy distinto. El aspecto que tenga dependerá de las acciones que realicemos ahora. Tenemos por delante grandes decisiones que tomar y poco tiempo para tomarlas, si deseamos ofrecer estabilidad y más prosperidad a la creciente población de la Tierra. La prioridad principal corresponde al cambio climático.

En todo el mundo, es obvio que se está produciendo un cambio climático y que las actividades humanas son la causa principal. El mes pasado, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático confirmó que los efectos de ese cambio ya son generalizados y costosos, y tienen consecuencias desde los trópicos hasta los polos, desde las islas pequeñas hasta los grandes continentes y desde los países más pobres hasta los más pudientes. Los mejores científicos del mundo lo afirman claramente. El cambio climático está afectando a la agricultura, los recursos hídricos, la salud humana y los ecosistemas terrestres y oceánicos. Plantea enormes riesgos para la estabilidad económica y para la seguridad de las naciones.

Podemos prevenir esos riesgos si tomamos medidas audaces y decisivas ahora. Un número creciente de dirigentes de gobiernos, responsables de la formulación de políticas, empresas, inversores y ciudadanos preocupados están empezando a hacerse una idea de los costos del cambio climático. Lo que es más importante, también son cada vez más conscientes de que ya hay soluciones asequibles, existentes o en preparación, para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y fomentar la resiliencia. Tenemos que poner en marcha esas soluciones a una escala adecuada al desafío. Eso implica inversión e implica cooperación mundial, especialmente en los ámbitos de las finanzas y la tecnología. Por eso es importante que los gobiernos culminen su labor en relación con un nuevo acuerdo universal sobre el clima para 2015.

Con objeto de generar impulso político y fomentar la ejecución de medidas, voy a convocar una cumbre sobre el clima en Nueva York el 23 de septiembre. Estoy convenciendo a los dirigentes nacionales, junto con los alcaldes y los altos representantes de empresas, el sector financiero y la sociedad civil, para que se unan a una “carrera hasta la cima” presentando soluciones y entablando alianzas que puedan alejar al mundo de los cataclismos y dirigirlo hacia un futuro sostenible.

He dirigido una reunión internacional diseñada como hito intermedio para la cumbre de septiembre. La Reunión preparatoria de Abu Dhabi me ha dado muchas esperanzas. Los gobiernos y los dirigentes del sector privado han desvelado logros y planes en gran diversidad de ámbitos en los que consideramos que podemos lograr los resultados más rápidos y destacados, como la energía, el transporte en las ciudades, las finanzas, la resiliencia, la agricultura y los contaminantes climáticos de corta vida.

Así como los científicos coinciden en las consecuencias del cambio climático, los economistas en general convienen en los costos de combatirlo. Procurar ahora transformarnos rápidamente en una economía baja en carbono será mucho menos costoso para las personas y las economías que quedarnos con los brazos cruzados, especialmente en los países en desarrollo, que son los más vulnerables a las consecuencias para el clima. También es en esos países donde las emisiones están aumentando con mayor rapidez. Esos países necesitan apoyo para construir su propio futuro bajo en carbono y aprovechar las oportunidades consiguientes. Tienen la necesidad acuciante de desarrollarse. Pero su progreso sostenible (y, en última instancia, el de todos nosotros) exige que lo hagan de la manera más limpia posible. Nadie puede permitirse el lujo de sufrir el aumento sin descanso de la temperatura del planeta que se produciría de no cambiar nuestra actitud.

Las ventajas de hacer frente al cambio climático incluyen menos contaminación, mejor salud pública, menos catástrofes, energía más limpia, barata y eficiente, mejor gestión de los bosques, ciudades con más calidad de vida, mayor seguridad alimentaria y menos pobreza. En lugar de preguntarnos si nos podemos permitir el lujo de actuar, deberíamos preguntarnos qué nos lo impide, quién nos lo impide y por qué. El cambio climático es un problema para todas las personas, para todas las empresas, para todos los gobiernos. Unamos nuestras fuerzas para que no se impongan los escépticos ni los intereses creados. Apoyemos a los científicos, economistas, empresarios e inversores que puedan convencer a los dirigentes y a los políticos de que ahora es el momento de tomar medidas audaces.

En Abu Dhabi he vuelto a comprobar que ya existen soluciones asequibles eficaces. He visto que cada vez más gobiernos y otros agentes están dispuestos a invertir en un futuro bajo en carbono. Ahora estoy concentrado en la cumbre sobre el clima de septiembre y en las negociaciones sobre el clima que se celebrarán en Lima en diciembre y en París el año que viene.

El cambio se huele en el aire, lo detecto en todos los niveles de la sociedad. Existen soluciones. Ya ha sonado el pistoletazo de salida. El desafío que planteo a todos los dirigentes políticos y empresariales, a todos los ciudadanos y votantes preocupados es sencillo: hay que estar en el pelotón de cabeza. No se queden atrás. No sean los perdedores de la historia. Vamos a trabajar juntos para que el cambio climático sea una prioridad máxima para todos los dirigentes, tanto dentro como fuera de las fronteras. Vamos a aprovechar las oportunidades que ofrece la acción por el clima y a sentar las bases para un futuro más próspero y seguro para todos.