Por George Kell, Director Ejecutivo del Pacto Mundial de las Naciones Unidas Disponible en inglés.

El artículo original fue publicado en Huffington Post Disponible en inglés.

Una de las principales medidas para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero y mitigar los efectos del cambio climático consiste en fijar un precio del carbono que refleje el daño que los combustibles fósiles están causando al planeta y a sus habitantes. Esta medida envía a empresas e inversores el mensaje de que los proyectos de energía renovable y bajos en emisiones de carbono resultan en realidad muy rentables, y establece unas reglas de juego equitativas que no penalizan a los actores ya presentes en el mercado.

Los gobiernos están comenzando a asumir sus responsabilidades. Cada vez son más los mercados de todo el mundo, tanto nacionales como regionales, que fijan un precio razonable para el carbono. Según los cálculos disponibles, es probable que en 2015 se extiendan a regiones que representan más de la mitad de la población mundial. Justo este mes, China ha anunciado la puesta en marcha para 2016 de un mercado nacional que haría empequeñecer el del líder actual, la Unión Europea. Los impuestos sobre el carbono, que son una alternativa al ajuste de sus precios, también están aumentando.

Sin embargo, estas medidas gubernamentales serán en vano si no incentivan la innovación y la implementación de medidas que den lugar a soluciones energéticas capaces de provocar cambios sustanciales. Además, mientras los gobiernos se preparan para una importante Cumbre de la ONU sobre el Cambio Climático que tendrá lugar este mes, es imposible ignorar las posibilidades para el progreso que ofrece el sector privado.

Dado que las empresas son ya quienes proporcionan la mayoría de la financiación para frenar el cambio climático y producen sin lugar a dudas la mayor parte del PIB mundial y de los empleos, un apoyo activo por su parte será crucial para el cierre de cualquier acuerdo entre los gobiernos, o para que sigan adelante si las negociaciones fallan. Además, la participación y el apoyo empresarial pueden ser determinantes para acabar con las voces escépticas con respecto al cambio climático.

Las empresas han desempeñado desde siempre un papel en el cambio climático, ya sea contaminando o aportando soluciones. Han interactuado con los encargados de la formulación de políticas a nivel nacional e internacional, y cada vez son más las que se implican en tareas de concienciación sobre este problema y redirigen sus inversiones hacia mercados bajos en emisiones de CO2. Por desgracia, la reducción de las emisiones ha sido escasa en comparación con la huella de carbono.

Teniendo esto en cuenta, tras asumir las restricciones gubernamentales al uso de carbono y reconocer el enorme daño que el cambio climático descontrolado puede generar en el futuro de sus operaciones y sus finanzas, las grandes compañías ya están tratando de determinar cuál será el coste razonable del carbono en un futuro, e incorporándolo a su planificación interna. Un estudio del Proyecto de Divulgación de Emisiones de Carbono (CDP en sus siglas en inglés) realizado en 2013 determinó que más de 100 empresas, en su mayoría productoras y/o consumidoras de energía, están incorporando estos cálculos para contribuir a la identificación de riesgos y oportunidades, y también como incentivo para mejorar el rendimiento energético.

Un gran número de compañías se está preparando para adoptar medidas sobre los precios. Una de ellas consiste en unirse a los “Criterios de Liderazgo Empresarial sobre el Precio del Carbono” desarrollados por la iniciativa Cuidar el Clima, formada por casi 400 empresas. Su compromiso se divide en tres aspectos principales: la incorporación del precio del carbono a las estrategias empresariales a largo plazo y sus inversiones, la promoción de una política responsable que refleje la importancia de la regulación del precio del carbono, y la difusión pública de sus progresos con el paso del tiempo.

Los dos últimos criterios son esenciales. Por desgracia, lo cierto es que algunas compañías tratan de frenar de forma encubierta estos cambios en las regulaciones, incluidos aquellos que supondrían el establecimiento de un precio para el carbono. Muchas siguen actuando de manera contradictoria: proponen medidas más limpias en sus informes de sostenibilidad pero, al mismo tiempo, recurren a representantes y a organizaciones pantalla que ejerzan presión para poder contaminar libremente.

Las empresas deberían tomar el liderazgo en cuanto a este problema, pues las convierte en pioneras en una medida que beneficiará a toda la población mundial. Además, no es casualidad que las personas que van a verse beneficiadas sean también sus clientes, inversores y empleados. Por otra parte, para ellas resulta esencial crear un mundo con un acceso seguro a los recursos naturales y en el que los consumidores se encuentren protegidos del cambio climático. Por tanto, tomar medidas tempranas supone un reparto justo de intereses a largo plazo.

Próximamente, las empresas tendrán la oportunidad de cambiar la forma en que ajustan sus planes de sostenibilidad a través de medidas gubernamentales positivas.

En la Cumbre sobre el Clima que se celebrará en septiembre en Nueva York, los gobiernos, las empresas y los inversores, además de miembros de la sociedad civil y líderes intelectuales, unirán sus fuerzas. Diversas grandes compañías apoyarán la iniciativa de liderazgo en cuanto a los precios del carbono. Además, el Grupo del Banco Mundial y otros socios han desarrollado una “Declaración sobre la Fijación del Precio del Carbono” complementaria que alentará a los países y a las empresas a manifestar su firme apoyo y participación en este asunto.

En la Cumbre, además de establecer precios para el carbono, las compañías pondrán sobre la mesa nuevas y ambiciosas promesas de acción. Los avances más importantes en el ámbito de la energía y las emisiones han sido obra de empresas públicas y estatales: desde grandes mejoras en la eficiencia energética y técnicas de envasado, hasta el desarrollo de paneles solares, medios de transporte eléctricos, luces LED y otras innovaciones con un gran potencial.

Estas medidas serán solo el principio mientras contemos con un marco adecuado de políticas públicas y mientras las empresas actúen para cumplir sus responsabilidades y sus propios intereses a largo plazo. Sin duda, un mayor impulso de la regulación del precio del carbono y de la acción empresarial pondrá en marcha las negociaciones que deberán concluir en 2015 en París. Con suerte, dichas negociaciones finalizarán con la firma de un acuerdo vinculante internacional sobre el cambio climático.

Este artículo forma parte de una serie mensual producida por The Huffington Post en colaboración con diversos eventos que están teniendo lugar en septiembre, y en los que se reconocen los peligros que implica el cambio climático. Tales eventos incluyen la Cumbre sobre el Clima de 2014 (celebrada el 23 de septiembre de 2014 en la Sede de la ONU de Nueva York) y la Semana sobre el Clima de NYC (del 22 al 28 de septiembre de 2014 en toda la ciudad de Nueva York). Puede consultar todos los artículos de la serie aquí Disponible en inglés.

 


El contenido de esta página es una traducción no oficial, elaborada con la participación
de la Facultad de Traducción de la Universidad de Salamanca, febrero de 2015.