Reclutamiento y la utilización de niños soldados

Los niños, por su naturaleza inocente e impresionable, son sumamente vulnerables al reclutamiento militar y la manipulación para cometer actos de violencia. Son obligados o inducidos a alistarse en grupos armados. Independientemente de cómo sean reclutados, los niños soldados son víctimas, y su participación en los conflictos acarrea graves consecuencias para su bienestar físico y emocional. Por lo general, son sometidos a abusos y muchos de ellos presencian muertes, asesinatos y actos de violencia sexual. Muchos de ellos participan en matanzas y la mayoría sufre graves trastornos psicológicos.

Los hechos indican que el reclutamiento y la utilización de niños se ha convertido en el método preferido de muchos grupos armados para librar una guerra. En el fondo, los factores que impulsan a reclutar y utilizar niños soldados son muchos y a menudo están relacionados entre sí. Los grupos de combatientes han elaborado técnicas brutales y sofisticadas para separar y aislar a los niños de sus comunidades. Normalmente se aterroriza a los niños para que obedezcan, haciéndoles temer constantemente por sus vidas y por su bienestar. Rápidamente, los niños se dan cuenta de que el único medio de sobrevivir es la obediencia absoluta. A veces se les obliga a participar en el asesinato de otros niños o miembros de la familia, porque los grupos armados consideran que, una vez que los niños han cometido estos crímenes, ya "no hay forma de volver a casa" para ellos.

En ocasiones, los graves problemas experimentados al tratar de restañar las heridas y reintegrar a estos niños en sus comunidades después de los conflictos se ven acrecentados por la profunda adicción de estos niños a drogas duras como la cocaína y su dependencia de ellas. En Sierra Leona, por ejemplo, los niños recibían a menudo una mezcla volátil de cocaína y pólvora para anestesiar el miedo durante el combate. Y, puesto que actualmente los niños son también quienes cometen las brutalidades (a veces las peores atrocidades imaginables), su reintegración es a menudo un proceso complejo de expiación, cicatrización de las heridas de la comunidad y negociación con las familias para que los acepten de vuelta. Todo ello tiene repercusiones importantes y plantea problemas considerables en cuanto a necesidades de recursos y diseño de los programas psicosociales y otros programas de reintegración necesarios. Tanto los Compromisos y los Principios de París como los principios y directrices sobre niños vinculados a fuerzas y grupos armados proporcionan orientaciones para el desarme, la desmovilización y la reintegración de todas las categorías de niños vinculados a grupos armados.