Para más información, visite los sitios de The Coalition to Stop the Use of Child Soldiers y de UNICEF
Reclutamiento y la utilización de niños soldados
Los niños, por su naturaleza inocente e impresionable, son sumamente vulnerables al reclutamiento militar y la manipulación para cometer actos de violencia. Son obligados o inducidos a alistarse en grupos armados. Independientemente de cómo sean reclutados, los niños soldados son víctimas, y su participación en los conflictos acarrea graves consecuencias para su bienestar físico y emocional. Por lo general, son sometidos a abusos y muchos de ellos presencian muertes, asesinatos y actos de violencia sexual. Muchos de ellos participan en matanzas y la mayoría sufre graves trastornos psicológicos.
Los grupos de combatientes han elaborado técnicas brutales y sofisticadas para separar y aislar a los niños de sus comunidades. Normalmente se aterroriza a los niños para que obedezcan, haciéndoles temer constantemente por sus vidas y por su bienestar. Rápidamente, los niños se dan cuenta de que el único medio de sobrevivir es la obediencia absoluta. A veces se les obliga a participar en el asesinato de otros niños o miembros de la familia, porque los grupos armados consideran que, una vez que los niños han cometido estos crímenes, ya "no hay forma de volver a casa" para ellos. En una entrevista con personal de las Naciones Unidas en Liberia, un chico de 13 años admitió que sentía que no podía volver a su casa porque su padre estaría furioso con él por haber llevado hasta su aldea a hombres que habían violado y asesinado a su madre delante de toda la familia. Dijo que los había llevado hasta allí porque el comandante le había dicho que iban a devolverlo a su familia, y declaró: "Después de aquello los rebeldes se convirtieron en mi familia e hice todo lo posible para complacer a mi padre [el comandante]".
En ocasiones, los graves problemas experimentados al tratar de restañar las heridas y reintegrar a estos niños en sus comunidades después de los conflictos se ven acrecentados por la profunda adicción de estos niños a drogas duras como la cocaína y su dependencia de ellas. En Sierra Leona, por ejemplo, los niños recibían a menudo una mezcla volátil de cocaína y pólvora para anestesiar el miedo durante el combate. Y, puesto que actualmente los niños son también quienes cometen las brutalidades (a veces las peores atrocidades imaginables), su reintegración es a menudo un proceso complejo de expiación, cicatrización de las heridas de la comunidad y negociación con las familias para que los acepten de vuelta. Todo ello tiene repercusiones importantes y plantea problemas considerables en cuanto a necesidades de recursos y diseño de los programas psicosociales y otros programas de reintegración necesarios. Los Compromisos de París y los principios y directrices sobre niños vinculados a fuerzas y grupos armados proporcionan orientaciones para el desarme, la desmovilización y la reintegración de todas las categorías de niños vinculados a grupos armados.
En el año 2000 las Naciones Unidas desmovilizaron en Sierra Leona a un niño, “Abou”, a quien el Frente Revolucionario Unido (FRU) había secuestrado en su escuela de Kenema, cuando apenas tenía 11 años. Cuatro años más tarde, con 15 años, Abou se había convertido en un asesino, en un conocido y temido comandante de los rebeldes del FRU, y también uno de los comandantes más jóvenes. Junto con muchos otros niños soldados, Abou se benefició de una amnistía por las atrocidades cometidas durante el conflicto de Sierra Leona, pero si bien su comunidad lo aceptó nuevamente, era evidente que muchos de sus miembros todavía seguían mostrando temor e ira hacia él, por lo que se encontró muy aislado. Seis meses después de volver a reunirse con su familia, Abou desapareció. Tres años más tarde, Abou se encontraba entre una serie de niños desarmados y desmovilizados en la vecina Côte d’Ivoire. Allí contó que se había marchado de su comunidad en Sierra Leona porque se veía “perseguido por malos espíritus”, y que fue nuevamente reclutado para luchar en Liberia por los Liberianos Unidos por la Reconciliación y la Democracia (LURD). Más tarde, junto con otros combatientes del LURD, pasó como mercenario a Côte d’Ivoire. En una entrevista con personal de las Naciones Unidas, explicó: “Me marché porque lo que realmente sé hacer bien es luchar y ser soldado, pero hay paz en Sierra Leona”.
La historia de Abou ilustra la terrible tragedia de los niños y las comunidades que se han visto obligadas a actuar de manera brutal, de las tremendas dificultades experimentadas al tratar de restañar las heridas y reintegrar a los niños en sus comunidades después de los conflictos, del reciclaje de niños en conflictos que rápidamente pasan de un lado al otro de las fronteras y de la tragedia de los niños y jóvenes que se alistan como mercenarios porque la guerra se ha convertido en una de las pocas opciones económicas viables en muchas de las zonas del mundo azotadas por largos períodos de conflicto. Y estos son nuestros niños, en quienes residen todas nuestras esperanzas de futuro.
