ANTECEDENTES6


La mujer, el hogar y la comunidad

A las mujeres, que constituyen más de la mitad del género humano, se les ha negado en gran medida la posibilidad de participar plenamente en las decisiones que determinan el desarrollo de los asentamientos humanos en ciudades, pueblos y aldeas. Los programas de vivienda resultan mucho más eficaces cuando tienen en cuenta las distintas funciones y necesidades de la población beneficiaria: hombres, mujeres, niños y niñas. La mujer desempeña múltiples funciones; es ama de casa, se encarga de cuidar a los niños y a los ancianos, y mantiene a la familia realizando trabajos en el hogar o fuera de él. Las múltiples funciones que desempeña generan necesidades especiales de espacio para vivir y trabajar, y de servicios básicos como guarderías y transporte.

Ahora bien, la situación de desventaja de la mujer sigue siendo en lo fundamental invisible, en gran parte debido a que, en sentido general, faltan datos que apoyen esta afirmación. Para cambiar este estado de cosas y promover la igualdad entre el hombre y la mujer, 40.000 personas, en su mayoría mujeres, representantes de gobiernos y de la sociedad civil, se reunieron en Beijing en septiembre de 1995 durante la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer. La Plataforma de Acción que aprobó la Conferencia es un programa de potenciación y de participación de la mujer en la adopción de decisiones en pie de igualdad. Los objetivos de la Plataforma de Acción apoyan al Programa de Hábitat, cuyo hincapié particular es que los conocimientos especializados, las necesidades y las perspectivas de la mujer surtan efectos visibles en la vivienda y en la expansión de los asentamientos en las zonas rurales y urbanas.

Por ejemplo:
  • En el plano de la vivienda y la prestación de servicios básicos, se deberían tener en cuenta los criterios y las necesidades diferentes del hombre y de la mujer;
  • Las autoridades públicas encargadas de la planificación de la vivienda a todos los niveles deberían integrar las perspectivas de género como parte de la legislación, las políticas públicas y los proyectos de vivienda;
  • La mujer debería tener acceso a las instituciones de crédito y a los programas de préstamos;
  • Las mujeres, incluidas las jóvenes, que no tienen acceso a fuentes tradicionales de seguridad económica deberían tener acceso a los servicios de capacitación y de divulgación, tanto en las zonas urbanas como rurales;
  • Se debería alentar activa y prácticamente a la mujer a que se incorpore a profesiones relacionadas con la vivienda, como la arquitectura, la ingeniería, la construcción, la administración y el urbanismo, en que siguen predominando los hombres;
  • En los programas de vivienda de extrema necesidad para los refugiados y las víctimas de desastres naturales o provocados por el hombre, se deberían prever las necesidades de seguridad e higiene de la mujer;
  • Las leyes relativas al divorcio, los derechos de sucesión y de propiedad no deberían colocar a la mujer en una situación de desventaja, sino proteger su igualdad de acceso a los recursos y a la propiedad.
Los encargados de formular políticas y de la planificación tienen que hacer frente a los numerosos obstáculos que impiden a la mujer participar plenamente en la expansión de los asentamientos humanos. Cuando se ha dado oportunidad a la mujer en la adopción de decisiones, las ventajas se han hecho patentes en una mejora de la vivienda, la educación, la atención de la salud y los ingresos.Y lo que es más importante aún, se le dan posibilidades de participación social. Los encargados de formular políticas y de la planificación deben procurar que las mujeres tengan más acceso a recursos y oportunidades tales como la tierra, la propiedad, el crédito, la capacitación y la tecnología, a fin de que puedan superar su situación de desventaja. Los grupos de defensa de los intereses de la mujer deben contar con apoyo para que lleguen a dominar técnicas de cabildeo más eficaces y mantengan relaciones de cooperación más estrechas con otras organizaciones femeninas.

Erradicación de la pobreza entre las mujeres

El aumento de la pobreza entre las mujeres, o la feminización de la pobreza, viene obligando a los encargados de formular políticas a interesarse más por la situación de la mujer. De los 1.300 millones de personas que, según cálculos, viven en la pobreza en todo e1 mundo, la mayoría son mujeres. Las mujeres se encuentran en una situación de doble desventaja por el hecho de tener que ganarse el pan y, al mismo tiempo, atender a los miembros de la familia y encargarse del hogar. Actualmente casi la tercera parte de los hogares de todo el mundo están encabezados por mujeres. En algunas partes de Africa y América Latina, en no menos del 45% de los hogares, la cabeza de familia es una mujer. La tendencia es que esos hogares sean más pobres que los que tienen por jefe a un hombre. Los hogares encabezados por una mujer predominan en los barrios más pobres de ciudades y pueblos y en las zonas rurales que tienen las tierras más friables y de más bajo rendimiento.

Según señaló el Sr.Wally N'Dow, Secretario General de la Conferencia de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (Hábitat II), "observamos con harta frecuencia que las mujeres son las que más sufren y las que habitan las viviendas menos apropiadas. Ese es motivo más que suficiente para que se les preste atención".

La ola de la migración que envuelve a muchas partes del planeta ha contribuido también a que haya más hogares encabezados por una mujer. En muchos hogares la mujer es cabeza de familia, porque el hombre ha tenido que irse en busca de trabajo. Otros factores que han contribuido a que la mujer asuma la jefatura de su familia son la viudez, el divorcio, las luchas civiles, el desplazamiento de la población debido a desastres naturales o provocados por el hombre y la maternidad sin pareja. Uno de los ejemplos de la migración de campesinas a la ciudad es el siguiente: lmena abandonó su explotación agrícola de subsistencia en una zona rural de Kenya en busca de mejores condiciones de vida en Nairobi. Su esposo, un trabajador migrante, había abandonado a la familia hacía cuatro años y había dejado a su cargo sus tres hijos pequeños y a una tía incapacitada. Los escasos ahorros de la familia se agotaron prácticamente al llegar a la capital, por lo cual lmena y sus familiares a cargo procuraron albergarse en un asentamiento de precaristas en las afueras de la ciudad. Gracias a un plan comunitario de autoayuda, ella y otros precaristas pudieron construir una vivienda más permanente. El proyecto dio lugar a la formación de una cooperativa de mujeres que proporcionaría a lmena el sustento que le permitió cubrir los costos de la matrícula de sus hijos en la escuela. El hecho es que las mujeres migrantes siguen dedicándose principalmente a trabajos de categoría inferior y poca seguridad en el empleo. En el mejor de los casos, su alimentación y su techo dependen de algún pariente o de los empleadores y, en el peor, ocupan ilegalmente o alquilan viviendas precarias. A veces la migración de uno o más adultos es el único medio de que disponen las familias pobres para garantizar su subsistencia, por mínima que sea. Pero los costos sociales son elevados: la ausencia prolongada de los cónyuges lleva al fracaso de los matrimonios y con frecuencia a la pérdida de la vivienda, e impone pesadas cargas a las mujeres de edad que tienen que encargarse del cuidado de los nietos.

La inversion en viviendas

La calidad de la vivienda, especialmente en las ciudades de los países en desarrollo, se ha venido deteriorando constantemente. Se calcula que prácticamente una cuarta parte del género humano se aloja en viviendas de mala calidad y que no menos de 100 millones de personas no tienen hogar.

El Centro de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (Hábitat) (CNUAH) calcula que por lo menos 600 millones de personas en ciudades de los países en desarrollo residen en viviendas que constituyen un riesgo para su vida y su salud. Las mujeres y los niños se ven más afectados por las malas condiciones de habitabilidad, ya que pasan más tiempo en el hogar. Según la Organización Mundial de la Salud, cerca de 70 millones de mujeres y niños viven en lugares donde el humo del fuego con que cocinan afecta a su salud. Se ha llegado a la conclusión de que la inversión en viviendas es un desembolso productivo y no sencillamente un drenaje del erario público. Se ha determinado que, por cada unidad monetaria que se gasta en la construcción de viviendas, se recupera una unidad monetaria en el ingreso nacional. La construcción de viviendas de bajo costo, por su densidad de mano de obra, crea empleos y aumenta la capacidad de los inquilinos para obtener ingresos. La mujer y el hombre aumentan sus ingresos cuando mejora el inmueble donde viven. Pero la mujer necesita recibir capacitación en oficios que le permitan aprovechar esta ventaja.

* En todo el mundo, después de los alimentos, el rubro de la vivienda es el más importante en el presupuesto mensual de una familia pobre y representa aproximadamente al 33% de éste; en África y América Latina, esta proporción se sitúa entre 45% y 50%.

Considérese la perspectiva de género

Los programas de vivienda tienen más probabilidades de éxito cuando tienen en cuenta las funciones económicas, sociales y culturales que se asignan a las mujeres y a los hombres y sus distintas necesidades de espacio, privanza, seguridad y servicios básicos. Por ejemplo, las mujeres que realizan un trabajo remunerado en el hogar necesitan espacio de trabajo y de almacenamiento. En las culturas en que deben permanecer en casa, necesitan espacio para combinar las tareas domésticas con el cuidado de los hijos y necesitan también dónde relacionarse y reunirse con otras mujeres.

El siguiente es un ejemplo de diseño de vivienda en el que no se tienen en cuenta consideraciones basadas en el género. Fátima vivía con su familia ampliado en un pequeño apartamento sin agua corriente en un barrio pobre de El Cairo. Su esposo era un vendedor ambulante y Fátimo ayudaba c7 complementar los ingresos de la familia trabajando como empleado doméstica cuando podía encontrar a una persona que cuidara de sus hijos. La familia reunía los requisitos para que se le asignara una vivienda subvencionada y se mudó a un apartamento aún más pequeño en otra parte de la ciudad.Aunque el apartamento tenía agua corriente, no había áreas ni servicios sociales para el cuidado de los niños y para reunirse con otras mujeres, tampoco hc7bía servicio de transporte por los tardes hacia otras partes de la ciudad, por lo que Fátimo tuvo que dejar de trabajar.Aunque la familici se había mudado, su nivel de vida no mejoró como correspondía. La mujer suele verse excluida del proceso de elaboración de los planes de vivienda:
  • En un proyecto comunitario de El Salvador, las mujeres se negaban a utilizar los retretes porque las puertas no llegaban al suelo y dejaban expuestos los pies, lo cual ofendía su concepto de privanza. Algo parecido ocurrió en Bangladesh en un proyecto de vivienda donde las mujeres utilizaban los servicios sanitarios únicamente antes de la salida o después de la puesta del sol, cuando tuvieran asegurada cierta privanza. Ello indica que en el diseño de los servicios sanitarios se debe garantizar la privacia.
  • Una deficiente planificación en Montreal (Canadá) determinó la creación de un programa de desarrollo de la comunidad denominado "La mujer y la ciudad" para promover la inclusión, en los planos de lugares públicos y de zonas de estacionamiento de vehículos, de iluminación suficiente, visibilidad y medidas de seguridad. Las entradas, las paradas de autobuses y de trenes, así como los caminos de acceso a los edificios deben ser seguros y contar con iluminación suficiente para garantizar la seguridad de las mujeres.
Según Catalina Hinchey Trujillo, quien dirige el Programa de la Mujer en el Desarrollo de los Asentamientos Humanos, del Centro de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (Hábitat), "las mujeres no participan en igualdad de condiciones en las decisiones, relacionadas con el plano de la casa, en la elección del lugar donde vivir ni en la planificación y la conservación de sus barrios, aldeas y pueblos; lo que hace aún más difícil su lucha".

Cuando participa en el proceso de adopción de decisiones, la mujer ayuda a los encargados de formular políticas a determinar prioridades que son de su interés legítimo. Los servicios de guardería son un ejemplo de primer orden del tipo de prioridades qu normalmente pasan por alto las autoridades encargadas de la vivienda y los servicios sociales. Los proyectos de vivienda para la población de bajos ingresos deberían prever siempre espacios públicos para el cuidado de los niños o guarderías de la comunidad.

Inversiones en la mujer

Hay pruebas más que fehacientes de la utilidad de invertir en la mujer. La mujer gasta una mayor proporción de sus ingresos en la familia y cuando realiza un trabajo remunerado, sus hijos disfrutan de mejor alimentación, salud y educación.

La concesión de crédito a las mujeres de bajos ingresos es una de las maneras más eficaces de aumentar su nivel de vida y sus posibilidades de adelanto. La mayoría de las mujeres de bajos ingresos no dispone de recursos suficientes para invertir en vivienda. Es posible que tengan un empleo a tiempo parcial u ocasional o que no cuenten con la garantía prendaria o el respaldo en valores financieros que exigen la mayoría de los bancos.

En algunos países africanos, las mujeres, que representan más del 60% de la mano de obra agrícola, reciben menos del 10% de los créditos otorgado a los pequeños agricultores y sólo 1 % del crédito total asignado a la agricultura, aunque la experiencia ha demostrado que no suelen constituir un riesgo a los efectos crediticios. Los programas de préstamos para la mujer tienen éxito cuando ofrecen planes de amortización flexibles que se adaptan a las fluctuaciones de sus ingresos. Por regla general, los gerentes y empleados de los bancos que se ocupan de programas de préstamos de pequeña cuantía están preparados para prestar asistencia a las mujeres que solicitan crédito en el proceso de solicitud y amortización.

* El Banco Grammen de Bangladesh fue el primero en aplicar un método que ha tenido mucho éxito y que permite a grupos de mujeres que perciben ingresos disponer de préstamos de pequeña cuantía. Esos préstamos invariablemente se han reembolsado con puntualidad. La concesión de préstamos a las cooperativas de ahorro y a otros grupos de mujeres resulta más eficaz que otorgar préstamos individuales, porque se beneficia una mayor cantidad de mujeres a la vez que el grupo ejerce presión sobre sus miembros para que cumplan sus obligaciones financieras.

Por ejemplo, Bina era operaria de la industria textil de Madrás (India) que a duras penas podía mantenerse con un salario de subsistencia. Un programa de acción comunitaria le exhortó a que ayudara a organizar con algunas de sus compañeras de trabajo una cooperativa de mujeres que se dedicara a la fabricación de tejidos. El grupo pudo obtener un pequeño préstamo por medio del Foro de Trabajadoras, una organización local. Al principio, los fondos se utilizaron para adquirir telares y equipo de tintura, pero los préstamos siguientes se utilizaron para mejorar y conservar las unidades de vivienda de las mujeres.

Derechos sucesorios y de propiedad

Además de su limitado acceso al crédito, las mujeres de muchos países no disfrutan de igualdad de derechos a la tenencia de la tierra ni de derechos de propiedad. Los gobiernos pueden ayudar a mejorar la situación esbleciendo por ley la seguridad a la tenencia de la tierra y velando por su aplicación a fin de proteger los derechos de propiedad de la mujer. La garantía del derecho de propiedad y a la tenencia de tierra proporcionaría a la mujer las garantías prendarias que necesita para obtener crédito.Al abrirse más oportunidades, la mujer tendrá más opciones en cuanto al lugar donde vivir y al trabajo que desea realizar.

Cuando los derechos sucesorios no se hacen respetar como es debido, la mujer suele verse afectada como se muestra en el ejemplo siguiente: El esposo de Wanda, un futbolista, murió en un trágico accidente ocurrido en el Gabón en 1993. Hasta que se produjo muerte repentina, la pareja había vivido con sus tres hijos en un barrio residencial de clase media de Luzaka (Zambia). La suegra de Wanda insistió en mudarse a su casa junto con otros parientes para ayudarla durante el período de duelo y con los arreglos del funeral. Un tribunal local nombró a un pariente para que administrara la propiedad de la familia. En el transcurso de apenas tres semanas, los parientes políticos se hicieron cargo de la casa, el automóvil y la cuenta bancaria de la familia. Fue sólo unos meses más tarde, tras la intervención de una organización no gubernamental, que Wanda pudo encontrar trabajo y obtener cierta ayuda parcial para ella y para sus hijos. La protección de los interéses de la mujer debe ser elemento central de las leyes de reforma urbana, agraria y de vivienda. En la Plataforma de Acción de la Cuarta Conferencia Mundial Sobre la Mujer figuran las directrices para la elaboración de leyes eficaces. En ella se pide a los gobiernos que "emprendan reformas legislativas y administrativas que otorguen a la mujer iguales derechos que los hombres a los recursos económicos, incluso a la propiedad y al control de la tierra y otros bienes, al crédito, a la herencia, a los recursos naturales y a la tecnología nueva apropiada". Otro documento de consulta es la Convención Sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer, en la que se recomiendan mecanismos para asegurar que la mujer disfrute de derechos jurídicos en pie de igualdad.

Algunos aspectos de interés especial que han de tenerse en cuenta en la reforma jurídica son los siguientes:
  • Las leyes de sucesión que impiden que las viudas y las mujeres de la familia tengan acceso a tierras y propiedades;
  • Las leyes sobre la propiedad que discriminan contra las mujeres casadas, sobre todo en casos de divorcio o separación;
  • Los obstáculos tales como los reglamentos de urbanización que prohiben realización de actividades económicas y el cultivo de alimentos en zonas residenciales y plantean graves problemas para las mujeres que trabajan en el hogar o que complementan los ingresos o la alimentación de la familia con productos cultivados en casa;
  • Las leyes que discriminan contra el sector no estructurado en pequeña escala y que afectan más a las mujeres que se dedican a las industrias caseras o artesanales.
La promulgación y aplicación de leyes equitativas y un mayor acceso a la tierra y a la propiedad permitirá a la mujer dejar atrás esa situación de desventaja, participar en la adopción de decisiones y crear el tipo de vida para su familia que ha tratado de lograr durante generaciones.

Acceso de la mujer al poder y a la adopción de decisiones

Ahora bien, la reforma jurídica no basta para garantizar empleo, salud y vivienda en mejores condiciones a la mujer pobre. La discriminación de hecho persiste incluso en países donde se han creado mecanismos jurídicos. Lo que a menudo hace falta es que las mujeres conozcan cuáles son sus derechos jurídicos y las oportunidades que tienen a su alcance.

Dado que son los más pobres entre los pobres, los hogares encabezados por mujeres se ven especialmente expuestos al desalojo y a la demolición. Las autoridades públicas, las organizaciones no gubernamentales, las organizaciones basadas en la comunidad y otros grupos de interés deberían informar a las mujeres acerca de su derecho a una vivienda permanente, decorosa y costeable.

Se debería sensibilizar a los hombres y a las mujeres que se encargan de formular políticas o que son profesionales del sector de la vivienda, entre ellos a los ingenieros, arquitectos, urbanistas y banqueros, acerca de las funciones y necesidades distintas de la mujer y del hombre para que las tengan en cuenta en sus planos y en sus programas. Los profesionales, tanto hombres como mujeres, tienen que estar preparados para analizar cuestiones relacionadas con el género, como se muestra en el ejemplo siguiente: Josefina se crió en Manila (Filipinas) y fue la única de ocho hermanos y hermanas que obtuvo un título universitario. Decidió especializarse en planificación urbana, un campo que atraía a pocas mujeres. Como estudiante, y más tarde como funcionaria del servicio municipal de vivienda, elaboró estrategias para la construcción de viviendas de bajo costo, pero sin tener en cuenta sus consecuencias para las mujeres. Luego de participar en un seminario regional sobre la mujer y la vivienda ,Josefina comenzó a tener en cuenta las necesidades de los usuarios, tanto hombres como mujeres, y ayudó a establecer un banco de datos con estadísticas desglosadas por sexo para el servicio municipal de vivienda. Se debería alentar y ayudar a las mujeres a dedicarse a profesiones a las que tradicionalmente no han tenido acceso. La falta de administradoras y especialistas en el sector de la vivienda y la construcción ha contribuido a exacerbar el problema de la vivienda por insensibilidad a las cuestiones relacionadas con el género. Por ejemplo, una encuesta realizada recientemente entre los arquitectos del Canadá reveló que sólo 10% de los arquitectos del país son mujeres y que sólo una de cada 10 arquitectas dijo que en sus planos de viviendas tenía presentes las necesidades de las mujeres.

Por otra parte, hay una gran falta de datos desglosados por sexo. En muchos países, simplemente no se dispone de datos sobre la mujer y la vivienda. El Centro de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (Hábitat) y otros organismos especializados de las Naciones Unidas (especialmente el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer - UNIFEM - y el Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación para la Promoción de la Mujer - INSTRAW - están exhortando a los gobiernos a que reúnan y difundan datos sobre la situación y las actividades de las mujeres en sus sociedades. Hábitat ha señalado concretamente que el perfeccionamiento de los datos sobre la vivienda, desglosados por sexo, es primordial para la elaboración de estrategias eficaces de planificación de la vivienda y desarrollo urbano.

Participación activa

Los gobiernos locales pueden contribuir a aumentar la participación de las mujeres en el sector de la vivienda mediante el fortalecimiento de las relaciones con organizaciones de la comunidad y grupos femeninos. En los casos en que se les ha movilizado para participar en el proceso de adopción de decisiones, las organizaciones de la comunidad y los grupos femeninos han logrado mejorar servicios básicos como el abastecimiento de agua, el alcantarillado, y la eliminación y el aprovechamiento de los desechos. Pero esto ha significado un aumento de la carga para la mujer.A los efectos de rectificar esta situación, las autoridades locales tienen que prestar más apoyo a las actividades de las mujeres y de las organizaciones comunitarias de forma práctica y palpable.

* Hábitat calcula que el 50% de la población de los países en desarrollo no dispone de agua a una distancia de menos de 200 metros de sus viviendas y que el 32% carece de agua potable libre de impurezas. Dado que las mujeres suelen ser las encargadas de proveer de agua y combustible a la familia, es grande su interés en ayudar en planes relacionados con el aprovechamiento de los recursos hídricos y de otras fuentes de energía y en programas de reciclaje.

El establecimiento de relaciones permanentes de cooperación entre grupos de mujeres es otra medida esencial para afianzar la posición de la mujer en el debate sobre los asentamientos humanos. Cuando las mujeres están más organizadas y mejor informadas y preparadas, pueden hacer valer sus derechos y procurar que se apliquen medidas correctivas. Estas relaciones ofrecen a las mujeres la oportunidad de aprender de las experiencias de otras cuyo nivel de instrucción y medio social son diferentes. Además, pueden obtener apoyo de grupos como la Coalición Internacional de Hábitat, la Red de la Mujer y la Vivienda y la Coalición Internacional sobre la Mujer y el Crédito. Un elemento decisivo es también que aumente la participación de la mujer en la vida política a nivel nacional y local.

La calidad de la vida en las zonas urbanas y rurales podría mejorar sustancialmente si se lograra movilizar plenamente el talento y la energía de las mujeres en el proceso de desarrollo urbano y la construcción de viviendas. Las medidas más importantes que se requieren para facilitar el cambio son las siguientes:
  • Proporcionar a los encargados de formular políticas y a los profesionales del sector de la vivienda capacitación en el conocimiento de las cuestiones relacionadas con el género;
  • Mejorar el acceso de la mujer al crédito y a la seguridad sobre la tierra y la propiedad;
  • Establecer programas de capacitación y divulgación para las mujeres, especialmente en la construcción y en esferas conexas;
  • Aumentar las oportunidades de educación de las mujeres, desde las campañas de alfabetización hasta la concesión de becas en esferas no tradicionales relacionadas con las ciencias y la vivienda (arquitectura, ingeniería, urbanismo);
  • Reunir, analizar y difundir datos desglosados por sexo sobre la mujer, el hombre y la vivienda;
  • Garantizar la participación de la mujer en pie de igualdad en todos los niveles del desarrollo de la vivienda y urbano y en la planificación y aplicación de políticas.
Según la Sra.Trujillo, de Hábitat, "en virtud del compromiso contraído en la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing, cabe prever la creación de países, ciudades, pueblos y aldeas en que todos nosotros, mujeres, hombres, niñas y niños, seamos conscientes de nuestras diferencias y, respetando esas diferencias, podamos sentir que participamos activamente en la construcción de nuestro futuro común".

Prácticas acertadas

Hábitat II tendrá como tema central los medios para lograr que las ciudades, los pueblos, las aldeas y los hogares del mundo sean más habitables y sostenibles. La Conferencia propiciará el aprendizaje de las prácticas acertadas que se aplican en todas partes del mundo. En muchas de esas prácticas acertadas, la mujer participa como promotora, protagonista o asociada en proyectos que han logrado mejoras concretas en la calidad de la vida y en el entorno de vida. Por ejemplo: En Viena se inició un proceso de concursos para arquitectos con el objeto de que elaboraran propuestas estructurales, prácticas y orientadas a la urbanización para la construcción de manzanas de viviendas adaptadas a las necesidades de la mujer. Se propusieron entre los elementos característicos, por ejemplo, escaleras bien iluminadas para evitar la peligrosidad y espacios de almacenamiento y lavandería de fácil acceso. El diseño ganador se ha integrado en los planes de construcción.

En Sri Lanka, el objetivo de un proyecto denominado "Banco de la Mujer" es garantizar el acceso a los servicios de crédito y ahorros a mujeres de bajos ingresos. Esta variante de institución financiera ha aumentado la capacidad económica de la mujer para obtener préstamos sobre la vivienda y atender a su familia.También ha aumentado la capacidad de organización y el nivel de aceptación social de la mujer.

En Ruanda, la Cooperativa de Viudas de Save, Duhozanye, está reconstruyendo viviendas.Trescientas mujeres viven y trabajan juntas en tareas no tradicionales (construcción) y estructuras sociales no tradicionales (cooperativas). Pero el grupo no es solamente una cooperativa de construcción, es también una contribución a la reconstrucción del país después de la catástrofe. Las mujeres están reparando la estructura social, reactivan la vida en las zonas rurales y se ayudan mutuamente a sobrellevar el pesar y el luto.

En Noruega, el Gobierno puso en marcha un proyecto destinado a destacar el papel de la mujer en el proceso de planificación municipal. Seis municipios han participado, prestando la debida consideración a las opiniones de la mujer en los planes municipales. Con este proyecto se ha logrado un cambio de actitud y de valores en hombres y mujeres.

En Kenya, la merma de existencias de biocombustibles causada por el crecimiento de la población y la expansión comercial y agrícola han obligado a las organizaciones no gubernamentales, a los particulares y a los ministerios a fabricar cocinas de bajo consumo de combustible. Muchos grupos de mujeres participan ahora en la producción y venta de esas cocinas. Las ventajas de utilizar estas cocinas estriban en menos contaminación en la cocina, ahorro de 10% de la fuerza de trabajo femenina en el acarreo de combustible, ahorro de 10% de la vegetación y aumento de la fertilidad del suelo.

En Colombia, en 1990, una organización no gubernamental local y la Banca Mundial de la Mujer emprendieron un programa de créditos para las mujeres jefas de hogar en Cali, la tercera ciudad más poblada del país. En 1992, se inició este programa en cinco ciudades más y en 1993, en otras 10. El programa, que se considera un medio eficaz de institucionalizar la política de sensibilidad a las cuestiones relacionadas con el género en el contexto de la descentralización, ejerció una gran influencia en la nueva constitución del país en que se establece la prestación de apoyo especial a los hogares cuyo jefe es una mujer.
Otro de los ejemplos de participación de la mujer en la planificación y el desarrollo de las ciudades es la Carta Europea para la Mujer de la Ciudad. El objetivo de esta Carta es establecer una estructura europea que ponga de relieve las cuestiones relacionadas con el género en el medio urbano. La Carta cuenta con el patrocinio de la Dependencia de Igualdad de Oportunidades de la Comisión de la Unión Europea.

Para mayor información comuníquese a:
Departamento de Información Pública
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United Nations
New York, NY 10017
Tel: (212) 963-3771
Fax (212) 963-1186
E-Mail: vasic@un.org

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